Mil Diablos es la esencia líquida de Oaxaca, un mezcal que equilibra el fuego del horno de piedra con la frescura del agave.
Dicen que en las tierras oaxaqueñas, el maguey de mil espinas guardaba un secreto que solo el fuego y el tiempo podían revelar. Ese mito dio vida a Mezcal Mil Diablos, un destilado que no solo busca satisfacer el paladar, sino conectar al buscador de experiencias con la mística ancestral de México. ¿Qué es lo que hace que cada gota de este elixir sea considerada una obra de arte embotellada?
La cuna de este mezcal se encuentra en Santiago Matatlán, Oaxaca, la capital mundial del mezcal. Aquí, el maestro mezcalero Juan Morales García supervisa cada etapa de una producción que respeta los tiempos de la naturaleza. El uso de Agave Espadín (Agave Angustifolia), con una maduración de entre 8 y 9 años, garantiza una concentración de azúcares ideal para un perfil complejo y equilibrado.
Para lograr la calidad que distingue a Mil Diablos, se siguen métodos que han pasado de generación en generación:
Al servir una copa de Mezcal Mil Diablos Joven, lo primero que destaca es su transparencia cristalina y un perlado brillante. En nariz, sorprende con notas herbáceas frescas, toques de alcachofa y un fondo ligeramente terroso. Al probarlo, la entrada es suave; se percibe el dulzor del agave cocido y un ahumado delicado que no satura, permitiendo que destellos florales y cítricos aparezcan al final.
Gracias a su perfil balanceado, este mezcal es sumamente versátil. Los expertos recomiendan disfrutarlo de las siguientes maneras:
La experiencia de Mil Diablos es una invitación a respetar el ritual del mezcal: a besos, poco a poco, dejando que la historia de la tierra oaxaqueña se despliegue en cada sorbo. Es el equilibrio perfecto entre la fuerza del diablo y la pureza del maguey.
Este mezcal se elabora exclusivamente con Agave Espadín (Agave Angustifolia).
Para garantizar un sabor óptimo, las plantas se cosechan tras una maduración de 8 a 9 años, permitiendo que los azúcares se concentren naturalmente antes de pasar por el proceso de cocción artesanal en hornos de piedra.
Se recomienda catarlo derecho (solo) y a temperatura ambiente en una copa mezcalera o veladora.
Inicia con pequeños sorbos para aclimatar el paladar. Notarás primero su frescura herbal seguida de un ahumado ligero, lo que lo hace perfecto para quienes buscan un mezcal artesanal equilibrado.