Ginebra Diega redefine el destilado mexicano: una experiencia artesanal y orgánica que captura la esencia pura de Valle de Bravo.
¿Qué sucede cuando la tradición centenaria de una familia destiladora se encuentra con la pureza de los campos orgánicos de México? La respuesta se encuentra en cada botella de Ginebra Diega, un destilado que ha logrado capturar la vibrante biodiversidad de nuestra tierra para ofrecer una experiencia sensorial sin precedentes. No es solo una bebida; es un manifiesto de sustentabilidad y maestría líquida que está transformando la coctelería contemporánea.
Nacida de la colaboración entre Bodegas Collado, una institución con más de 125 años de historia, y la Fundación Flor de la Paz, esta ginebra representa el pináculo del orgullo mexicano. Producida íntegramente en la Ciudad de México, su esencia proviene de los campos de Valle de Bravo, donde los botánicos crecen bajo estrictos estándares orgánicos, libres de pesticidas y respetando los ciclos naturales de la tierra.
La calidad excepcional de este destilado no es fruto del azar, sino de un meticuloso proceso que cuida cada detalle:
La familia Diega se divide en perfiles de sabor diseñados para distintos momentos de disfrute:
Al servir una copa de Ginebra Diega, lo primero que se percibe es su frescura herbácea. En nariz, el enebro es el protagonista, escoltado por la chispa cítrica del limón. En boca, su cuerpo es sedoso, permitiendo que el cedrón aporte una dimensión refrescante que perdura en el paladar. Es la base perfecta para un Gin & Tonic clásico, pero también brilla en mixología avanzada combinada con ingredientes como el pepino o frutos rojos.
Para una experiencia completa, se recomienda maridarla con platillos frescos como ceviches, ensaladas cítricas o tacos de pescado. La pureza de sus ingredientes orgánicos resalta los sabores de la cocina mexicana contemporánea, creando una armonía difícil de encontrar en destilados industriales.
Elegir esta marca es apoyar un proyecto con sentido social y ambiental, donde cada trago rinde homenaje a la tierra y al esfuerzo de las manos mexicanas que transforman botánicos silvestres en oro líquido.
La principal diferencia radica en su origen orgánico y proceso artesanal. Mientras las ginebras industriales usan saborizantes, Diega emplea botánicos de Valle de Bravo libres de agroquímicos.
Además, su maduración de dos meses en roble francés le otorga una suavidad y complejidad aromática superior, eliminando el ardor alcohólico común en productos masivos.
Su perfil es predominantemente herbal y cítrico. Los ingredientes estrella son el enebro, el cedrón y la manzanilla orgánica.
En su versión Rosa, se añaden pétalos de rosa, lavanda y fresas, logrando un equilibrio perfecto entre lo floral y lo frutal, ideal para quienes buscan un destilado más aromático y ligero.