Sumérgete en la pureza de Tequila Ocho: el primer destilado de agave con terroir, que redefine la excelencia y la tradición.
¿Es posible que una botella de tequila guarde el secreto exacto de la tierra donde nació el agave? Al destapar una botella de Tequila Ocho, no solo se libera un aroma, sino la historia viva de un rancho específico, una cosecha determinada y la pasión de una familia que ha entendido el lenguaje del campo por generaciones.
Tradicionalmente, el término terroir o terruño se reservaba para el mundo del vino. Sin embargo, Tequila Ocho llegó para romper esquemas y demostrar que el suelo de Los Altos de Jalisco influye drásticamente en las características organolépticas del agave azul Weber. Al ser una marca de rancho único, cada lote de producción proviene de una sola parcela de tierra, lo que significa que el sabor del tequila variará sutilmente de año en año, reflejando el clima, la altitud y los minerales del suelo específicos de esa ubicación.
Esta marca es el resultado de la colaboración entre Carlos Camarena, un maestro tequilero de tercera generación, y el fallecido Tomas Estes, quien fue nombrado Embajador del Tequila en Europa. Ambos compartían la visión de crear un producto que no estuviera enmascarado por aditivos ni procesos industriales, sino que fuera una expresión honesta de la planta. Esta filosofía ha posicionado a Tequila Ocho como el favorito entre los conocedores y mixólogos que buscan pureza absoluta.
El nombre no es una elección azarosa; el número ocho está intrínsecamente ligado a la vida de este destilado:
A diferencia de las grandes producciones masivas, aquí se respeta el tiempo de la naturaleza. El proceso se divide en etapas clave que aseguran una calidad superior:
Las piñas se cocinan en hornos de mampostería tradicionales durante 48 horas. Este método permite que los almidones se conviertan en azúcares de manera uniforme, aportando notas dulces y profundas que el autoclave rápido no puede replicar.
La fermentación se realiza en tinas de madera abiertas, permitiendo que las levaduras salvajes del entorno interactúen con el mosto. Posteriormente, el líquido se somete a una doble destilación en alambiques de cobre pequeños, lo que retiene los aceites esenciales y la complejidad del sabor.
Cada variante de la marca ofrece una ventana distinta a la riqueza del agave:
Tequila Ocho se enorgullece de ser un tequila sin aditivos. En una industria donde los colorantes y saborizantes artificiales son comunes, esta marca garantiza que lo que ves en la etiqueta es exactamente lo que hay en el vaso. Cada botella indica el año de la cosecha y el nombre del rancho de origen, ofreciendo una trazabilidad total que genera confianza en el consumidor exigente que valora la autenticidad por encima de todo. Al elegir este destilado, se apoya un modelo de agricultura que respeta los ciclos de la tierra y honra el legado de los campos jaliscienses.
Se distingue por ser el pionero en introducir el concepto de terroir en el agave. Cada lote proviene de un rancho único, permitiendo que el perfil de sabor varíe según el suelo y el clima.
A diferencia de procesos industriales, utiliza hornos de ladrillo tradicionales y fermentación lenta, garantizando una complejidad aromática que respeta la esencia pura del agave azul.
El número ocho es fundamental en su identidad. El agave tarda ocho años en madurar, se requieren ocho kilogramos de agave por litro y el proceso total dura unos ocho días.
Esta cifra simboliza la paciencia y precisión artesanal de la familia Camarena, asegurando un estándar de calidad excepcional que define cada una de sus botellas.